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domingo, 1 de mayo de 2011

Restaurante Alejandro



Restaurante Alejandro, 20 abril de 2011

Va camino de convertirse en obligación el hecho de visitar El restaurante Alejandro cada vez que pasamos unos días de vacaciones en el pueblecito de Albox a poco más de cien kilómetros de Almería. Obligación que dicho de paso es un placer.


Más de un año ha pasado desde que la guía Michelin galardonase a este joven chef con una de sus estrellas Michelin y que como en otras muchas ocasiones ese reconocimiento ha servido para sacar a Alejandro del “anonimato” o mejor dicho, tener una difusión más amplia de su cocina fuera de su ámbito de influencia.

Intentamos visitar los restaurantes entre semana, fuera de viernes y sábados llenos de bullicio. Este miércoles fue ideal para nosotros, por la noche un Madrid-Barça, cosa que a más de un restaurador llevará de cabeza, pero que a nosotros nos brindó un ambiente más relajado; no había el mismo número de mesas ocupadas que de costumbre.


Excelente acogida por parte de un personal de sala joven e informal en su justa medida.
Al igual que en otras ocasiones Alejandro, el chef, tomó nota de la mesa, en esta ocasión le pedimos que él nos sirviese lo que creyese más conveniente.

detalle cocina
Aperitivos

Cava Juve y Camps Milesimé 2006. Un excelente espumoso elaborado íntegramente con la variedad Chardonnay. 24 meses de crianza en botella. 

Los aperitivos que ya habiamos degustado en la anterior visita, seña de la casa, marcan la vocación marinera de la cocina de Alejandro.


Regañás con salmorejo. Excelente salmorejo acompañado de este pan plano tradicional de Andalucía que acompaña a muchos aperitivos, entre ellos el jamón. Foto arriba a la izquierda, bol cuadrado.




Tres aperitivos, servidos en el plato de pizarra.

Tortilla de quisquillas, una base de pasta muy crujiente, con diminutas quisquillas. Cambiaba el modo de elaboración con respecto a la que probamos la vez anterior, estas mucho más finas y crujientes.
Chicharrón de bacalao. Tripa de bacalao, crujiente, perfectamente frita, para nada grasa y aromatizada con una emulsión de hierbas.
Bocadillo de jamón. Minúscula e interesante elaboración de pan, hinchada y hueca en su interior a modo de pita, perfumada con jamón y una espuma de agua de tomate.



Sopa de patata con arenque y tomate seco. Cremosa y ligera sopa de patata con sabor ligeramente ahumado que proporciona el bacón que interviene en su elaboración. El punto de salazón del arenque, acompañaba a la perfección la dulzura de la patata junto con el tomate seco, unos picatostes, un aceite de hierbas y una espuma de vinagre. Un conjunto perfecto que aunaba prácticamente todos los sabores.

Bodega y demás.

Enate Chardonnay 234 2008. D.O. Somontano. 13,5% Vol. Bodegas Enate. 21 €.
Amarillo pájizo. Nariz muy frutal e intensa,  frutas exóticas, piña. En boca amplio, graso, muy goloso. En retronasal matices cítricos. Un vino que está entre mis preferidos.

Magma, de Cabreiroa. Agua mineral con gas. 3 €


El pan. De corte tradicional y miga compacta, remarcado olor a levadura. Muy agradable.  Acompañaban al pan dos aceites, uno elaborado con aceituna Picual, intenso, potente, ácido y otro de arbequina muy frutal aromático y equilibrado.


Degustaciones.


Ostra en ceviche. Excelente textura de la ostra, únicamente condimentada con cítricos,  unas gotas de aceite y una hojita de perejil.



Sardina marinada, ajoblanco y uvas. La textura de la sardina perfecta, el marinado un poco subido de vinagre para el gusto de algunos comensales. El ajoblanco de intenso sabor a almendra y perfectamente equilibrado con el ajo, de textura algo más consistente para adecuarlo al plato, servido aparte e individualmente.
Guarnecían el plato unas uvas moscatel ecológicas y huevas de pez volador que aportaban su agradable textura crujiente. El único comentario alrededor del plato fue que tal vez un exceso de vinagre –de las sardinas- enmascaraba el resto de sabores al degustarlos en conjunto.



Caldo de pimentón con gacha y quisquilla. Este plato se inspira en una receta tradicional de la provincia de Almeria, las gachas pimentonas. Un plato humilde que en su origen parte de unas gachas y de un caldo de pescado, tomate y en especial de pimientos, tanto secos como asados, el toque final lo pone una punta de comino.

Alejandro consigue recrear este plato de manera magistral, con un excelente caldo en el que se aprecian todos los sabores antes mencionados, las gachas se convierten en una suerte de blinis y unas excelentes quisquillas apenas entibiadas redondean el plato. Excelente!


Menestra de verduras con cañadillas y huevo escalfado. 
Como base del plato una sopa de perejil, de una potencia aromática y gustativa excepcional, como acompañantes cañadillas, múrgulas, alcachofas, juliana de judia verde, espárragos blancos y trigueros. Una sinfonía vegetal.

Para rematar unas láminas de trufa bianchetto, que nada tiene que ver con la blanca, pero de una calidad organoleptica considerablemente mejor que la de verano. Un plato excelente con unas cocciones muy precisas de los vegetales y del resto de ingredientes.


Cigala. Poco más que añadir, la fotografía habla por si sola. Únicamente remarcar su frescor, magnifica cocción y tamaño. Una delicia.


Mero con salsa de piel de atún. Muy buena cocción para el mero y excelente “guisito” a modo de salsa elaborado con la piel de atún que le proporcionaba una agradable textura gelatinosa, aromatizado con las notas ahumadas y el sabor ligeramente picante del pimentón de la Vera. 
Un plato de pescado muy agradable, aunque el punto de cocción del mero dada su musculatura, sea un poco difícil para personas poco habituadas a comer el pescado con cocciones breves.


Carrillera de buey con setas de temporada. Como colofón un plato de carne y contundente. Textura melosa de la pieza, acompañada de una reducción del jugo de cocción y de setas de temporada (senderuelas, setas de San Jorge...). Una carrillera magistral.
Para acompañar a este plato se nos recomendó una copa de vino tinto "El Castro de Valtuille", elaborado con la variedad mencía, de Bodega Castro Ventosa, en la D.O. Bierzo. Todo un acierto.

Postres

Para terminar, una degustación de cuatro postres.

Drácula. 
Un guiño a la infancia. Helado de vainilla, espuma de frambuesa y granizado de cola. Texturas y sabores muy acertados, una versión de lujo del Drácula. Un postre que irremediablemente te hace hojear el libro de los recuerdos y trasladarte a la niñez, sensación reforzada más aún por unos peta-zetas en el fondo de la copa.


Sandwich de chocolate. 
Excelente bizcocho de chocolate, en su interior un coulis de frutos rojos, tal vez junto con la naranja la alianza más clásica para un bizcocho de chocolate; lo que no significa que por clásica no sea menos buena. Una salsa de plátano y una nuez garrapiñada completaban el plato.


Americana del Kiosco de Amalia. 
Otro guiño a la tradición. En esta ocasión Alejandro se inspira en una bebida a base de leche, licor de cola, canela y limón, que se sirve desde antaño en el Kiosco de Amalia con grandes similitudes a una leche merengada. 
En el postre aparece el “batido” como base, emulsionado, completado con un bizcocho, un helado de leche, dados de crumble y unos granos de caviar de limón. Un postre lácteo muy agradable, que adquiere mayor significado para quienes han compartido la Americana de Amalia.

A destacar el caviar de limón, lo mas interesante que no es fruto de ningún proceso de la industria-quimica, sino un regalo de la naturaleza. Este caviar son lo alveolos del “Citrus australasica” originario de sotobosque subtropical australiano. Estas “bolitas perladas” algo translúcidas ofrecen el sabor característico de las frutas cítricas, ácido y en este caso suave, la piel que recubre el zumo es muy firme proporcionandole una textura muy crujiente que al explotar nos revela su sabor que contrasta y potencia el resto de elaboraciones del postre.


Piedra del desierto. 
Degustamos este postre en nuestra anterior visita, y fue una delicia volver a degustarlo, copio lo que escribí en nuestra anterior visita.
Desde buen principio, nada más acomodarnos en la mesa, nos llamó la atención los cactus que decoraban las mesas, acordes con la sobriedad del local, y nos llamaron también la atención por el hecho de que le gustan mucho a un familiar nuestro. En concreto el mencionado cactus es un lithops, originario de la zona de África del Sur.
Planta y postre compartían recipiente, para uno cumplía las funciones de maceta y para otro de plato.
La base del postre una trufa de chocolate cremosa y potente, diferentes bizcochos y galletas a modo de tierra, jugando con sabores dulces y amargos. El cactus, una trufa de chocolate blanco y té verde, cremosa y suave, con el sutil sabor de la hoja de té. Una salsa de limón emulsionada completaba el juego de sabores.
Hay que destacar que este era el postre que cerraba el menú degustación. Como si se tratara de una película o de un cuento aquel detalle inicial presente en una mesa muy austera se convertirá en el broche que cierra una estupenda experiencia gastronómica.
Una apuesta que sorprende en lo sensorial y una mezcla de texturas que recuerdan perfectamente la aridez y la bondad del desierto que rodea la costa de Roquetas.

Petit Fours
Una pasta de fruta de maracuyá, una magdalena de arándanos, una nube de naranja y un bombón de chocolate blanco, tequila y chile. Muy correctos y diferenciados entre si.
Una infusión (2,50 €) y un café (2,50 €), fueron el final del menú.

Conclusiones

Se mantienen en Alejandro una serie de constantes desde nuestra última visita. Un Servicio de sala, formado por personal joven, muy correcto y profesional en todo momento. La atención del Chef al asesorar sobre su carta, tomar la comanda y pasar posteriormente por las mesas para cerrar la velada con el cliente e intercambiar impresiones.
He de confesar que me gusta la cocina de este restaurante. Me gusta su vocación marinera, el excelente trato a la materia prima, sus guiños a la cocina tradicional local enmarcada dentro de su cocina de autor, sus juegos moderados con los postres, sin llegar a las exaltaciones de otros cocineros que convierten un postre en un campo de futbol o arrugan una remolacha en cal viva para hacernosla colar por ciruela pasa.
Postres que a su vez son un final perfecto y que en ningún momento bajan el nivel con respecto al resto de la oferta culinaria.
Todo lo anterior, sumado a una excelente relación calidad/precio hacen de este restaurante un lugar más que recomendable para conocer la alta gastronomía almeriense.


Para quienes deseen una información más detallada, podeis consultar también mi anterior crónica:


Aprovecho la ocasión para informar que Alejandro a diversificado también su oferta gastronómica como otros conocidos cocineros.

Podemos disfrutar de su cocina adaptada a dos establecimientos orientados a la cocina informal y el "tapeo".
El primero de ellos, Bacus, ubicado en Agua dulce.  El segundo, Plaza Vieja, ubicado en pleno centro de Almería. Os dejo los enlaces para más información.





Camino de los Parrales, 330 - Aguadulce (Almería)




Plaza de la constitución, 5 - Almería
tel. 950 274 448



Para terminar, desear que Alejandro y su equipo continúen con esa buena "estrella".

Total de la factura: 216,28 €
Precio por persona: 72,09 €
  
Restaurante Alejandro
Avda. Antonio Machado, 32 04740
Puerto de Roquetas de Mar - Almería
Tel. 950 32 24 08

viernes, 17 de septiembre de 2010

Restaurante Alejandro






Restaurante Alejandro, Roquetas de Mar (Almería), 5 de agosto de 2010

Parece ser que los inspectores de la guía roja sufren de una pronunciada “morriña” cuando se trata de visitar restaurantes pasada la altura de la capital del reino, para que bajar más hacia el sur, hace demasiado calor. Olvidar el sur es olvidar una imponente costa y la cuna de una de las cocinas más ricas y antiguas de la península. Tampoco me olvido de citar a Portugal, aunque no viene a cuento, pero es otro de los países descuidados por la marca de neumáticos.
El caso es que Roquetas de mar, a pocos kilómetros de la capital almeriense, tiene entre sus pequeñas joyas el Restaurante Alejandro, recientemente distinguido con una estrella michelin. Por lo visto se han decido a inspeccionar por allí. Menos mal.


Alejandro, restaurante y cocinero se dan al mar, al pequeño puerto pesquero de Roquetas. Como ya he dicho desde el restaurante casi se puede saltar al agua, y su cocina es un reflejo de ello. Se me olvidaba por si alguien no se percató el chef se llama Alejandro, Sánchez.




El local de corte moderno y elegante, muy amplio, bien distribuido. Tras pasar la recepción y sala de espera el espacio del restaurante se divide en la sala principal y otra un poco más pequeña destinada a fumadores. La cocina, acristalada casi en su totalidad permite ver el ir y venir de Alejandro y su equipo desde las cómodas mesas. Vajilla, cristalería, mantelería y menaje a la altura de las circunstancias.



Recepción correcta y atenta, pedimos un cambio de mesa para situarnos junto a la cocina, frente a lo cuál no hubo ningún problema.
Tras solicitarnos los vinos de aperitivo, Alejandro se personó en la mesa para informarnos y asesorarnos sobre su cocina.
La oferta se compone además de la carta tradicional de tres menús.

Menú Express, 29,90 €. Compuesto por: primero, pescado, carne, postre. Pan, snacks, aperitivo, y petit fours incluidos.

Menú degustación, 40 €. Una tapa, dos entradas, pescado, carne y postre. Pan, snacks, aperitivo, y petit fours incluidos.

Menú degustación marisco, 60 €. Cuatro entradas, dos pases de marisco del día, pescado, carne y postre. Pan, snacks, aperitivo, y petit fours incluidos.



Nos decidimos por el Menú degustación marisco:


Aperitivos
Regañas con salmorejo, tortilla de camarón, chicharrón de bacalao y bocadillo de jamón
Sopa de patata con arenque y tomate seco

Degustaciones
Ostra con ceviche de ruibarbo
Sardina marinada con ajoblanco y uvas
Canelón de trufa de verano con puntilla salteada
Menestra de verduras con almejas
Gamba blanca
Gamba roja
Galanes
Solomillo Wellington al revés.

Postres
Piedra del desierto.

Postres a la carta
Arroz con leche de coco, melocotón estofado y fresa, 8 €
Mouse de galletas, espuma de chocolate caliente y vainilla, 8 €
Bizcocho de pistacho, sopa de chocolate blanco y aire de naranja, 8 €
“Xocolatl”, recuerdos de Méjico, 8 €


Bodega y demás.


Durante la cena disfrutamos de estos dos vinos:

Paco & Lola, Albariño 2009. D.O. Rias Baixas. 13 % vol, Vitivinícola Arousana. 22 €. Amarillo pajizo, destellos verdosos, muy vivo. En nariz intensos recuerdos frutales, pera muy maduras con un fondo herbáceo y matices cítricos. En boca ligeramente ácido, amplio, bastante equilibrado. Postgusto intenso. En retronasal confirma la fruta.  Excelente. Un vino de curiosa presentación como el resto de los elaborados por la bodega.

Os dejo la web, es interesante visitarla. www.pacolola.com.

Enate Chardonnay 234 2008. D.O. Somontano. 13,5% Vol. Bodegas Enate. 21 €.
Amarillo pálido, reflejos anacarados. Nariz muy frutal e intensa con un amplio abanico de frutas exóticas. Notas de laurel, fondo mineral. En boca amplio, graso, muy goloso. En retronasal una vez más la fruta. Un gran vino que demuestra lo que se puede conseguir de esta variedad sin paso por barrica.

San Pellegrino. Agua mineral con gas. 3 €
Bezoya 1 l. Agua mineral. 3.50 €


El pan. Muy contundente y compacto estilo pueblo, el primer servicio que se nos realizó estaba excesivamente horneado, la corteza demasiado gruesa y dura. Los siguientes servicios fueron perfectos. Acompañaban al pan dos aceites, uno elaborado con aceituna Picual, intenso, agresivo, ácido y otro de arbequina muy frutal aromático y equilibrado.

Aperitivos.

Kir Royal. Obsequio de la casa.
Cava Juve y Camps Milesimé 2006. Obsequio de la casa. Un excelente espumoso elaborado íntegramente con la variedad Chardonnay y 24 meses de crianza en botella. Obsequio de la casa.


Regañás con salmorejo. Excelente salmorejo acompañado de este pan plano tradicional de Andalucía que acompaña a muchos aperitivos, entre ellos el jamón. Foto arriba a la izquierda, bol cuadrado.

Tres aperitivos, servidos en el plato de pizarra.

Tortilla de camarón, crujientes y deliciosas
Chicharrón de bacalao. La tripa del bacalao, crujiente, perfectamente hinchada, para nada grasa y aromatizada con unos toques cítricos.
Bocadillo de jamón. Minúscula e interesante elaboración de pan, hinchada y hueca en su interior, totalmente crujiente, perfumada con jamón y una espuma de agua de tomate.

Sopa de patata con arenque y tomate seco. Cremosa y ligera sopa de pata con sabor ahumado proporcionado por el bacón que interviene en su elaboración. La sardina, ligeramente salada, acompañaba a la perfección la dulzura de la patata junto con el tomate seco, un aceite de albahaca y una espuma cítrica. Un conjunto perfecto que aunaba prácticamente todos los sabores.

Degustaciones.


Ostra con ceviche de ruibarbo. Excelente ostra únicamente condimentada con unas gotas de aceite y una hojita de perifollo; el ruibarbo ligeramente compotado actuaba como si de limón se tratase. El conjunto resultaba una interesante combinación del sabor marino de la ostra y el dulce-ácido del tallo.



Sardina marinada, ajoblanco y uvas. Perfecto marinado de la sardina que conservaba toda su frescura y rigidez. El ajoblanco perfectamente ejecutado, de intenso sabor a almendra y perfectamente equilibrado con el ajo, de textura algo más consistente para adecuarlo al plato. Guarnecían el plato unas uvas moscatel y huevas de pez volador que aportaban su agradable textura.



Canelón de trufa de verano con puntilla salteada. Una lámina de pasta fresca envuelve una cantidad más que importante de “tuber aestivium”, con su sutil recuerdo a frutos secos. Sobre el canelón un salteados de setas –trompetas de la muerte entre ellas- y chipirones. Los jugos de estos últimos, tiernos a más no poder cumplían la función de salsa necesaria para el plato.




Menestra de verduras con almejas. En la base del plato una sopa de perejil, de una potencia aromática y gustativa increíble. Unos buñuelos de patata, espárragos blancos, alcachofas, trompetas de la muerte, rebozuelos (rossinyols) y boletus (ceps) y unas excelentes almejas simplemente pasadas por calor para poderlas extraerlas de su concha conformaban el plato.
El plato más turbador de la noche, la sopa una explosión de perejil, pero sin llegar a ser agresiva, la patata en forma de buñuelo, muy delicados y suaves; el resto de ingredientes con cocciones brillantes y unas almejas que con su “dulzor” y notas marinas equilibraban la potencia y acidez de la sopa. De diez.


Gamba blanca. Poco a comentar, una gamba de extrema calidad a penas cocinada a la sal. Sabor y textura únicos.


Gamba roja. Podemos aplicar lo anteriormente dicho sobre la gamba blanca, una calidad insuperable y una cocción a la plancha cortísima.


Galanes. Loritos, pez loro, raors. Diferentes denominaciones para esta excelente y acreditada especie en los últimos tiempos. Servidos en una correcta fritura. A nivel personal prefiero a los loritos cocinados a la plancha, pero dentro de este marco y ubicación lo más indicado es sin lugar a dudas la fritura.



Solomillo Wellington al revés.  La única degustación no marina de la noche. Un plato inspirado en el conocido solomillo. La construcción del plato estaba compuesta por una porción de foie-gras y trompeta de la muerte envueltas en una pasta “filo”, horneado y recubierto posteriormente por un carpaccio de ternera, carne que prácticamente se deshacía por su calidad y textura. Unos brotes decoraban el conjunto. Un gran plato dentro del contexto del menú y como broche final al apartado salado.

Postres


Piedra del desierto.
Desde buen principio, nada más acomodarnos en la mesa, nos llamó la atención los cactus que decoraban las mesas, acordes con la sobriedad del local, y nos llamaron también la atención por el hecho de que le gustan mucho a un familiar nuestro. En concreto el mencionado cactus es un lithops, originario de la zona de África del Sur.
Planta y postre compartían recipiente, para uno cumplía las funciones de maceta y para otro de plato.
La base del postre una trufa de chocolate cremosa y potente, diferentes bizcochos y galletas a modo de tierra, jugando con sabores dulces y amargos. El cactus, una trufa de chocolate blanco y té verde, cremosa y suave, con el sutil sabor de la hoja de té. Una salsa de limón emulsionada completaba el juego de sabores.
Hay que destacar que este era el postre que cerraba el menú degustación. Como si se tratara de una película o de un cuento aquel detalle inicial presente en una mesa muy austera se convertirá en el broche que cierra una estupenda experiencia gastronómica.
Una apuesta que sorprende en lo sensorial y una mezcla de texturas que recuerdan perfectamente la aridez y la bondad del desierto que rodea la costa de Roquetas.


Postres a la carta




Arroz con leche de coco, melocotón estofado y fresa, 8 €. Una versión de un clásico. El arroz cocinado con leche de coco, acompañado con unos melocotones estofados al vino tinto excelentes,  con el contrapunto del helado de fresa que terminaba el plato. Una combinación de sabores muy agradable. Pero, tal vez fue el más flojo de todos los postres,  el arroz para mi gusto un poco pasado y la leche de coco con muy baja intensidad de sabor, no le aportaba gran cosa al conjunto. El melocotón y el helado fresa inestimables en calidad.


Mouse de galletas, espuma de chocolate caliente y vainilla, 8 €. Una delicada mousse de galleta entre láminas de chocolate negro acompañada de una crema de vainilla y una espuma de chocolate caliente, intensa y delicada
Un postre de lo mas correcto que nos trae recuerdos de una merienda infantil y que no decepciona.


Bizcocho de pistacho, sopa de chocolate blanco y aire de naranja, 8 €.
Si bien el enunciado del postre destaca el bizcocho de pistacho, para mí sobresalían en sabor e importancia el interesante aire de naranja a modo de “nube” y el cremoso de chocolate con petazetas que ponían de manifiesto una vez más las bondades de esta combinación clásica y podríamos decir que infalible o explosiva por la inclusión de los citados petazetas. El bizcocho “micro” de pistacho, excesivamente seco, se equilibraba con la cremosidad de la salsa de chocolate blanco, sin que esto sirva de indulto para el bizcocho. Una teja terminaba el postre proporcionándole una textura más.


“Xocolatl”, recuerdos de Méjico, 8 €
Al entrar en el restaurant tenía en claro que este sería un postre de los escogidos puesto que me imaginaba que incluiría el chocolate y el picante.
El rojo  intenso de la salsa del plato me recordaba al tabasco, elaborada a base de pimiento rojo, dulce y con un agradable toque picante;  mientras que la construcción de chocolate, dos cilindros uno de ellos coronado por un granizado de tequila y otro sirviendo de base a un delicioso cremoso de chocolate. Una línea de crumble amargo y maíz tostado finamente troceado proporcionaban contrastes y texturas al postre. Una combinación más que acertada que no defraudo mis expectativas.
Se que algunos podrán recriminar que es un postre desencarnado del entorno. Pero yo creo que es un error muy de moda intentar direccionar o reducir a un cocinero a su entorno específico.

Petit Fours


Una pasta de fruta de maracuyá, una magdalena de arándanos, una nube de naranja, un caramelo de toffe y un bombón de chocolate blanco, tequila y chile acompañaron al café (2,50 €) y fueron el final del menú.

Para terminar…

Servicio de sala, formado por personal joven, muy correcto y profesional en todo momento, que soportaron en alguna ocasión las molestias ocasionadas por las fotografías, el alineamiento de botellas o pedirles que sirviesen una salsa o sopa más despacio. Mencionar a Alejandro que forma también parte de la sala, al asesorar sobre su carta, recibir la comanda y pasar posteriormente por las mesas para cerrar la velada con el cliente e intercambiar impresiones.

La oferta culinaria tiene esa “estrella” más que justificada y merecida, para un menú basado en el producto y en una técnica muy precisa aplicada a productos y elaboraciones tradicionales de la zona, sin significar ello ninguna traba ni lastre para nuevas combinaciones y sabores.
El menú que degustamos deja patente la excelente calidad y trato que reciben los productos del mar, pero queda para otra ocasión una interesante carta, a primera vista puede parecer que en esta cocina se manejen únicamente pescados y mariscos, pero nada más lejos de la realidad. Platos tan sugerentes como Paletilla de chivo malagueño asada a la miel, con cous-cous y tandoori; Solomillo de vaca en costra de arcilla con setas de temporada; Cochinillo confitado con frutos secos y calabaza; Pastela de Pichón de Bresse con almendras o Pollo de cortijo con cameroni y trufa de verano ponen de manifiesto la versatilidad del equipo de Alejandro.

Otra de las sorpresas de la noche fue el apartado de postres que sorprendió gratamente, por su técnica, originalidad en algunos de ellos y combinación de sabores.

En definitiva una carta y menús con una excelente calidad-precio que merecen más de una visita.

Total de la factura con cuatro postres extra: 285,12 €
Precio por persona: 95,04 €

Restaurante Alejandro
Avda. Antonio Machado, 32 04740
Puerto de Roquetas de Mar - Almería
Tel. 950 32 24 08